El mercado del monóxido de carbono experimentó una dinámica de precios fluctuante a lo largo del año, influida por las variaciones del dióxido de carbono, una materia prima clave utilizada en determinados procesos de producción. En los primeros meses se registraron subidas de precios respaldadas por la demanda procedente de aplicaciones de síntesis química, en particular la producción de ácido acético y metanol, y las necesidades de gases industriales contribuyeron a un consumo estable. La demanda del sector metalúrgico, procedente de la producción de acero y de los procesos de reducción del hierro, mantuvo un nivel de apoyo básico, aunque las limitaciones logísticas y la disponibilidad de materias primas provocaron una escasez de suministro que impulsó al alza los precios en varios mercados regionales.
A medida que avanzaba el año, los precios se moderaron debido al debilitamiento de la demanda procedente de la fabricación de productos químicos especializados y a la reducción de las aplicaciones metalúrgicas, a medida que la actividad del sector siderúrgico se atenuaba. Los meses centrales trajeron consigo una evolución estable de los precios con ligeras tendencias al alza, aunque el aumento de los costes energéticos y las complicaciones en el suministro de materias primas provocaron fluctuaciones. La fabricación de productos farmacéuticos y la producción de compuestos carbonílicos mantuvieron niveles de consumo moderados, lo que aportó estabilidad en medio de una mayor volatilidad del mercado. Hacia finales de año, los precios se mantuvieron en su mayoría firmes debido a la demanda constante de productos químicos intermedios y aplicaciones de gases industriales, en particular la producción de fosgeno y las operaciones de síntesis especializada. Sin embargo, las medidas reguladoras relativas a las normas de producción y al cumplimiento de la normativa medioambiental mantuvieron a los participantes en el mercado en alerta ante posibles ajustes en la oferta. La actividad comercial reflejó estas condiciones variables, y los proveedores ajustaron los volúmenes de entrega en función de los requisitos específicos de cada sector entre los usuarios finales de los sectores químico y metalúrgico.