La segunda mitad de 2025 trajo consigo una presión al alza continuada sobre los precios de la electricidad en los principales mercados, aunque los factores que la impulsaron y su magnitud variaron considerablemente según la región. En Estados Unidos, las empresas de suministro eléctrico solicitaron subidas de tarifas sin precedentes que ascendieron a cantidades sustanciales, lo que convirtió los costes de la electricidad en un tema político destacado. Los aumentos se debieron a múltiples factores, más que a una causa única, y los distintos estados experimentaron niveles de crecimiento de los precios muy dispares. California destacó como un caso extremadamente atípico, con los aumentos más pronunciados, mientras que otros estados registraron subidas más moderadas, aunque igualmente significativas.
En el Reino Unido, los costes energéticos de los hogares subieron ligeramente al ajustarse al alza el límite máximo regulatorio de precios, a pesar de que las previsiones anteriores apuntaban a posibles descensos. Los costes derivados de las políticas gubernamentales, incluida la financiación de grandes proyectos de infraestructura nuclear, contribuyeron de manera significativa al aumento, junto con el incremento de los gastos de explotación de la red. Las cuotas fijas que cubren los costes fijos de la red también subieron, lo que agravó la carga para los consumidores.
Los costes mayoristas de la energía se mantuvieron elevados y volátiles a lo largo del semestre, lo que mantuvo altos los precios minoristas incluso cuando se produjeron algunas fluctuaciones temporales. Los clientes residenciales soportaron aumentos desproporcionados en comparación con los usuarios comerciales e industriales. La persistente brecha entre los precios anteriores a la crisis y los niveles actuales siguió frustrando a los hogares que se enfrentan a las presiones del coste de la vida.